SIGLO XXXIII

SIGLO XXXIII
Guerra de sucesion Española

jueves, 11 de agosto de 2011

GUERRA DE INDEPENDENCIA CUBANA 1898.


La guerra de la independencia cubana fue el último de los tres grandes conflictos que desde 1868 hasta 1898 enfrentaron a los independentistas cubanos con las tropas coloniales españolas.
Esta última guerra comenzó en 1895 y terminó en 1898, año en el que los Estados Unidos decidieron intervenir en el conflicto y derrotaron a las tropas españolas. La guerra hispano-estadounidense se zanjó con la pérdida de las últimas colonias ultramarinas que estaban bajo dominio de los españoles: Cuba, Puerto Rico, Guam y el archipiélago de Filipinas. Esta guerra no sólo supuso el final del imperio colonial español, sino que también significó el surgimiento de Estados Unidos como potencia mundial.
Los deseos del pueblo cubano de conseguir la independencia de España, por la que llevaban luchando casi treinta años, unidos a los intereses económicos de Estados Unidos en la isla, fueron los detonantes de la tercera de las guerras de Cuba, conocida desde entonces como la Guerra de la Independencia Cubana.
El 24 de febrero de 1895, un día después del conocido como “grito de Baire”, comenzaron los enfrentamientos entre los independentistas cubanos y las tropas españolas, con resultados inicialmente favorables a los españoles. En abril de ese año murieron en combate dos de los hombres fuertes de la insurrección cubana, Adolfo Flor Crombet y Guillermo Moncada y los insurgentes cubanos pusieron al mando de la rebelión al famoso escritor independentista José Julián Martí, hasta que también falleció en mayo de ese año. Ante este duro golpe, se convocó el 11 de septiembre de 1895 la Asamblea constituyente de Jimaguayú (Camagüey) en la que se aprobó una nueva Constitución. Dos días después, se eligió como presidente de la denominada “segunda República en armas” a Salvador Cisneros.



En 1896 el gobierno español sustituye al General Martínez Campos, el hasta entonces capitán general de Cuba, por Valeriano Weyler, que puso en marcha una dura táctica de guerra ya empleada años antes por el conde de Valmaseda: la lucha sin tregua y la represión firme y tenaz. Esta táctica dio buenos resultados al principio, y supuso la caída de hombres importantes entre los insurgentes cubanos, como los hermanos Antonio y José Maceo en diciembre de 1896 y el retroceso de las tropas cubanas ante el avance de los españoles. Sin embargo, esta forma de proceder pronto se volvió en contra de los intereses españoles, ya que España se colocó en el punto de mira de los diarios estadounidenses. Periódicos de amplia repercusión entre la sociedad norteamericana como The New York World y The New York Journal, deseosos de legitimar una intervención militar de su país, criticaron el trato que las tropas españolas daban a los cubanos. También los daños a la propiedad que estaba causando la guerra afectaron a muchas inversiones estadounidenses, por lo que el comercio entre Cuba y Estados Unidos se interrumpió, y la opinión pública estadounidense se mostraba cada vez más favorable a una intervención militar en la isla.

En octubre de 1897 el entonces Presidente español, Práxedes Mateo Sagasta, colocó en el lugar de Weyler a Ramón Blanco (que ya había sido capitán general de Cuba entre 1879 y 1881) e intentó evitar el enfrentamiento con Estados Unidos concediendo la autonomía parcial a Cuba y Puerto Rico y suprimiendo los campos de concentración creados por Weyler. También en octubre la segunda República en armas sustituyó a Salvador Cisneros por quien hasta entonces había sido su vicepresidente, Bartolomé Masó.
Sin embargo, las medidas de Sagasta no consiguieron evitar el enfrentamiento y en enero de 1898 Estados Unidos, con la excusa de proteger a los ciudadanos estadounidenses que vivían en Cuba, mandó al acorazado Maine a La Habana. Poco después, en la noche del 15 de febrero, el navío estalló misteriosamente por los aires provocando la muerte de 260 personas. Aunque se sospechaba que el navío había sido explotado por los propios estadounidenses, éstos aprovecharon el suceso para utilizarlo como “casus belli” y declararon la guerra al gobierno español, comenzando así el enfrentamiento hispano-estadounidense.

El 19 de mayo de 1898, las tropas españolas conducidas por el almirante Pascual Cervera, que se habían encallado en la isla antillana de Martinica, lograron entrar en Santiago de Cuba. El 6 de junio el escuadrón estadounidense consiguió tomar Guantánamo, y aunque a primeros de julio se produjeron muchas bajas en sus filas en las batallas de El Caney y en la colina de San Juan, finalmente Estados Unidos consiguió también conquistar dichas posiciones.
El 3 de julio de 1898 se produjo el famoso combate de Santiago de Cuba, en el que el almirante Cervera, a las órdenes del capitán general Blanco, se enfrentó a la escuadra estadounidense, dirigida por el almirante William Thomas Simpson, cuatro veces superior en número de hombres a la española y mucho más moderna y organizada. La lucha entre ambos cuerpos terminó con las tropas de Cervera totalmente derrotadas. Como consecuencia de la derrota española, el 17 de julio se rindió La Habana y España capituló poco después, en agosto del mismo año.
Finalmente, el 10 de diciembre de 1898,

tras una larga negociación entre los españoles y estadounidenses se firmó el Tratado de París que puso fin a la Guerra Hispano-estadounidense e inició el colonialismo estadounidense. Cuba dejó de estar bajo dominación española y Puerto Rico, la isla de Guam (en las actuales islas Marianas) y el archipiélago filipino, pasaron también a manos de los Estados Unidos.
El desastre colonial de 1898 supuso cambios profundos en la historia de España, que dejó de preocuparse por ambiciones coloniales y comenzó a acometer una profunda reforma política, social y económica. Especialmente importante fue el movimiento reformista que surgió a raíz de estos acontecimientos, conocido como “regeneracionismo”. Sin embargo, los historiadores españoles más recientes han sustituido la idea de desastre colonial español que tenían los protagonistas de los hechos, por la expresión “crisis de fin de siglo”, marcada por la turbación ideológica y política y que más tarde condujo a España a la crisis social de 1917.

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